miércoles, 21 de julio de 2010

Invierno en Los Hornillos

Hola a todos
Acabo de recibir a Carles y Nuria
Han llegado muy felices y con muy buena onda
Quiero agradecer a la vida por esta maravillosa oportunidad y por el encuentro.
Les dejo unas imágenes para que nosvayamos aclimatando
¡¡Nos vemos en el campo!!
Abrazos biodinámicos
Gabriela












miércoles, 7 de julio de 2010

Palabras al final de la práctica compartida

Regalo
¡Esto es un paréntesis!
Volver a "algún lugar"
Plenitud
Expansión
Placidez
Tus manos como un cuenco a donde dejarme caer
Natural, sencillo, reparador, orgánico
Me ha dado paz
Algo integrador
Lo sutil y lo profundo
Disolución
Sensación de NADA
Vacio lleno
Gratitud
Amor y paz
Pensamientos blandos
Suave parejo, como prolijo
Olas que me traspasan
Se pierde la forma
Inmaterialidad
Es mágico
Soñé que caminaba por un arroyo...sentía el agua que fluía en mis pies
Silencio para escuchar lo que hay que escuchar

martes, 6 de julio de 2010

sobre la sangha (por Thich Nhat Hanh)

Quiero compartir con vosotros y comentar un capítulo del libro que estoy leyendo estos días que se llama "El corazón del Cosmos" de Thich Nhat Hanh.
Mientras lo leía se me removían cosas por dentro porque habla mucho de la sangha y de los espíritus famélicos. Yo debo ser uno de esos espíritus, no en balde mi pasión según el eneagrama es la gula.
El capítulo se llama "La dharani" y está dentro de la tercera parte del libro en la que el autor propone formas en las que podemos practicar (la dimensión de la acción) para expandir el Sutra del loto, que en resumidas cuentas viene a decir que todos somos budas.


"La dharani", el título del capítulo 26 del Sutra del loto, significa "sujetar con fuerza". Las dharanis son unas palabras o frases llenas de visión con un gran poder transformador. Por el simple hecho de recitar una dharani siendo consciente de ello, repitiéndola tres veces como suele hacerse, ya estamos invocando el poder de las sílabas, los sonidos sagrados que se crean cuando el cuerpo, la palabra y la mente están en armonía, unidas, en un estado de samadhi. Con la energía del samadhi, el sonido de una dharani puede producir de por sí una transformación.

La práctica de recitar dharanis tiene como propósito restablecer la comunicación y la comprensión con los grandes seres, los Budas y bodhisatvas, para recibir su energía espiritual. No recorremos el camino espiritual solos, sino que seguimos los paso de nuestros maestros, amigos, compañeros en la práctica y de nuestros antepasados espirituales, los que practicaron antes que nosotros. La práctica del dharani es una puesta del Dharma que se abre y nos permite recibir la energía de los que nos apoyan en nuestra práctica.

Aunque esta práctica parezca extraña, no es difícil de comprender. Cuando un maestro del Dharma ofrece una enseñanza mientras permanece en samadhi con el cuerpo, la palabra y la mente purificados, ese poder de concentración produce una gran cantidad de energía. Los que escuchan y reciben la enseñanza mientras permanecen en un estado de samadhi, concentrados, podrían recibir esa maravillosa fuente de energía como una corriente eléctrica que pasa de maestro a discípulo. Al escuchar o leer un sutra de este modo ocurre lo mismo: a través del sonido de las palabras recibimos una especie de poderosa energía espiritual y nos transformamos en el acto. En este caso no significa escuchar de forma distraída como solemos hacerlo. Cuando el cuerpo, la palabra y la mente no están en armonía, unidos en concentración, si en nuestro corazón hay ansiedad o tristeza y sólo estamos escuchando a medias, aunque oigamos las palabras que alguien pronuncia, no podremos recibir la energía de la transmisión.

Cualquier sonido, cualquier palabra -incluso una simple frase o un verso de un sutra- que se pronuncie en un estado de gran concentración, tiene el poder de transformar.


Leyendo estos párrafos no hacía más que recordar momentos de distintos círculos en tantos cursos de biodinámica con Paul Vick, Carles, Mike Boxhall y me venían pequeñas frases o palabras que se dijeron allí, tanto por ellos como por compañeros: "Stillness", "Aliento de Vida", "luz líquida", "aquietarse y saber", "cuánto nos necesitamos los unos a los otros", "confía en la marea", y tantas otras que a menudo me vuelven a la memoria y me hacen sentir bien, conectado con todos estos compañeros y con el trabajo... incluso los ruidos guturales que suele hacer Mike antes de responder a una pregunta o cuando está buscando las palabras para expresar una idea están grabados en mí como sonidos de la conciencia.

El capítulo del Sutra del loto sobre la dharani sirve para recordarnos que los Budas y bodhisatvas siempre están presentes en nosotros cuando escuchamos las enseñanzas y las practicamos con entusiasmo. Siempre están produciendo la energía que nos apoya en nuestra práctica. Las dharanis actúan como una especie de puente, como una vía de counicación, como una forma de sujetarnos con fuerza a los Budas y los bodhisatvas para recibir el apoyo de su gran energía espiritual.

Una dharani es también una herramienta de transformación. Por ejemplo, al ofrecer comida a los espíritus famélicos, la ceremonia siempre empieza con una dharani dirigida a ellos para ayudarlos a aumentar el tamaño de su garganta de modo que puedan recibir nuestras ofrendas. En la literatura clásica budista, los espíritus famélicos se describen como unos seres con un vientre enorme y una garganta tan estrecha como un ojo de aguja, por eso aunque siempre estén muy hambrientos, nunca pueden llegar a consumir el alimento suficiente. Hay muchas clases de espíritus famélicos que necesitan nuestra ayuda para transformar su sufrimiento. Están hambrientos de amor y comprensión, pero al ser tan desconfiados, al no abrir lo suficiente su corazón, no pueden recibir nuestro amor y compasión.

También hay una dharani para atraer la mayor cantidad posible de espíritus famélicos con el fin de alimentarlos con las ofrendas y otra dharani llamada "deshaciendo las injusticias". Todos los espíritus famélicos han sufrido grandes injusticias, por eso se han convertido en esta clase de espíritus. Muchos de nosotros también somos víctimas de alguna injusticia, y sin compasión y comprensión, no hay forma de deshacer el nudo que la injusticia nos ha dejado dentro para liberarnos de él. Si nadie puede ayudarnos a deshacer el nudo de la injusticia que hay en nuestro corazón, seguiremos sufriendo.

Una dharani es un medio para ayudar a los espíritus famélicos. Y la sangha es otro medio para hacerlo. Muchos espíritus famélicos no pueden entrar en contacto con las personas que podrían ayudarlos porque se encuentran en una situación en la que no es posible la transformación y la curación. Muchos de ellos están atrapados en su situación particular y no tienen la oportunidad de vivir en un espacio seguro, tranquilo y estable que les permita entrar en contacto con aquello que es sustentador y curativo. Por esta razón lo primero que hacemos es invitarlos a venir a la comunidad de la que formamos parte. Empezamos recitando una dharani que constituye una invitación universal a todos los espíritus famélicos, para que puedan experimentar el curativo entorno de la sangha. De lo contrario seguirán siendo espíritus famélicos toda su vida, vagando sin rumbo en medio del sufrimiento, destruyéndose a sí mismos física y mentalmente. Si deseas colaborar como amigo del bodhisatva Seno de la Tierra, debes hacer todo lo posible para ofrecer a los espíritus famélicos una oportunidad, la clase de ambiente seguro y curativo que necesitan para ayudarlos a transformarse.

En segundo lugar debes hacer que su corazón se abra para que puedan absorber nuestras ofrendas de comida y bebida, las ofrendas del Dharma, el amor, la compasión y la comprensión. Y en tercer lugar, debes practicar el escuchar profundamente para ayudarlos a sentirse comprendidos y queridos, para que desaparezca la sensación que tienen de ser víctimas de una gran injusticia. Todo esto es muy importante para la transformación y curación de un espíritu famélico, así podrá renacer en la tierra del gozo.

La medicina del Buda está hecha de dos ingredientes: la sangha y el tiempo. Una planta nueva tiene que estar en la tierra húmeda durante mucho tiempo para poder echar raíces, y sólo una planta que esté bien arraigada en la tierra podrá producir flores y frutos. El estable y afectuoso entorno de una familia y de una comunidad es la fértil tierra que nos permite echar raíces espiritualmente. Por eso es tan importante establecer y cultivar sanghas, no sólo para nuestra transformación y curación, sino también para ayudar mejor a los espíritus famélicos que hay a nuestro alrededor.

La única forma que tiene un espíritu famélico de curarse y transformarse es echando raíces en una familia o en una comunidad. Puede que al principio su familia no quisiera rechazarlo, quizá sólo lo acabó haciendo por falta de atención o por una mala comunicación. Pero los espíritus famélicos pueden tener una nueva oportunidad en su familia espiritual. Si la sangha está organizada de tal forma que manifiesta una gran cantidad de paciencia y amor, en ese caso es la mejor medicina que un espíritu famélico puede recibir, es su segunda oportunidad de tener una familia.

Los espíritus famélicos se dejan llevar por la energía de los hábitos que hay en ellos. quizá deseen destruir las nuevas raíces que están echando, tal vez no consigan sentirse en paz consigo mismos, no sean capaces de vivir el momento presente. Aunque la sangha es un buen ambiente para ellos, quizá sientan la necesidad de abandonar la comunidad. Por eso es tan importante para todos ser conscientes de la energía de los hábitos que hay en nosotros. Esta energía siempre nos está empujando a destruir nuestras raíces, a desempeñar el papel de un alma errante, de un espíritu famélico. Podemos acostumbrarnos hasta tal punto a ser un espíritu famélico que al final nos cuesta mucho quedarnos en un lugar. Así que practicamos el respirar de manera consciente y reconocemos que la energía del hábito de ser un espíritu famélico está aún muy arraigada en nosotros. Debemos seguir formando parte de la sangha y aprender a confiar en nuestros hermanos y hermanas en el Dharma y a contar con ellos. También tenemos unos maestros que pueden mostrarnos el camino. Unos hermanos y hermanas capaces de incluirnos en su práctica y de ayudarnos con ella. Por medio de una buena práctica la nueva planta acabará echando raíces en la tierra de la sangha y la sensación de alienación y soledad que sentía desaparecerá. Y entonces la planta podrá ofrecer sus flores y frutos.

Nuestra práctica consiste en ayudar a los espíritus famélicos de tres formas: a acercarse a nosotros, a abrir su corazón para poder recibir nuestras ofrendas y a experimentar la curación y la transformación a través de la práctica. Para que este proceso tenga lugar es necesario una comunidad y un cierto tiempo, los dos ingredientes de la medicina universal. Si puedes tomarte esta medicina a diario durante varios años, tendrás la posibilidad de curarte. Te convertirás en una planta, en un árbol que ha echado profundas raíces en la tierra de la sangha. Experimentarás la felicidad y el amor. Y entonces podrás regresar para ayudar a tu familia original, ayudar de nuevo a tu iglesia o sinagoga, a tu comunidad y sociedad a transformarse y convertirse en unos lugares de curación.

La comunidad, la práctica de la fraternidad, el amor y la comprensión, son también el antídoto para el recurso de los espíritus famélicos de evadirse con las drogas, el alcohol y el sexo. cuando sufres, a menudo intentas evadirte para olvidarte de tu sufrimiento entregándote a experiencias sensoriales extremas. Pero si tienes otra opción -la comunidad, la sangha-, puedes tomar refugio en ella. Por eso en la actualidad es tan vital crear una sangha. Tenemos que crearla en todas partes, para que los numerosos espíritus famélicos que vagan por el mundo puedan refugiarse en ella.

Todos los que somos amigos del bodhisatva Seno de la Tierra debemos contribuir con nuestras ideas y energía para ayudar a los numerosos espíritus famélicos que hay en nuestra familia, comunidad y sociedad. En primer lugar decidimos no crear más esta clase de espíritus. Participamos en la labor de evitar crear más espíritus famélicos al desempeñar nuestro papel como padres, políticos, maestros o empresarios, actuamos con cuidado y de manera responsable, y practicamos la compasión y el observarlo todo profundamente. Este es el primer paso que damos. El segundo paso es ayudar a los espíritus famélicos que ya existen. Tanto si viajamos por el mundo, si vamos a los reinos infernales como el bodhisatva Seno de la Tierra, o si creamos una sangha e invitamos a los espíritus famélicos a formar parte de ella, nos convertimos en los brazos y las manos del bodhisatva para ayudarlos.


Ahora, a la vuelta de los dos cursos en el Campo, releo el texto y me parece un poco repetitivo y con demasiada forma budista. Y también me doy cuenta de por qué me movió: porque mi historia de vida es la de un espíritu famélico que ha estado perdido, y desarraigado. Siento el apego al círculo porque es en él que sentí que pude volver a casa.

Gracias a todos por la práctica compartida.

Juan

8 agosto 2010